sábado, octubre 16, 2004

a qué sí y a qué no

Me puedo acostumbrar a usar cinturón de seguridad en el auto,
me puedo acostumbrar a no caminar sobre las bicisendas,
me puedo acostumbrar al sonido del “Tschüss” (=chau) – nadie dice un Tschüss plano-,
me puedo acostumbrar a usar Hausschuhe (=zapatos para adentro de la casa, exclusivamente),
me puedo acostumbrar a vivir con futboleros televisivos,
me puedo acostumbrar a que a los transportes suban también bicis y perros,
me puedo acostumbrar a que los berlineses no conozcan los nombres de las calles (inaudito para un porteño),
me puedo acostumbrar a que los colectivos paren en-todas-las-paradas y en el lugar destinado,
pero...
no me puedo acostumbrar a las hornallas eléctricas!

Extraño el fuego!



Sepan disculpar este dramatismo latino, tan mío, algunas veces.

3 comentarios:

Toro dijo...

Un gataflorismo típicamente argento...
Aquí muchos quisieran tener hornallas eléctricas, modernosas, seguras, llamativas, etc...
Allá vos, triste, preferís el fuego...lo extrañás...de acá te hago una fogata pa que no te olvides y se pase ese drasmatismo si?...

Caro dijo...

gracias Toro, como siempre.

Guarda, nomás, con la fogata, que las leyes de protección ambiental de MarieJulie las prohiben! ;-)

Anónimo dijo...

Conociendote un poquitito, la verdad es que no me extraña que extrañes el fuego!!!!!
Tenés calidez, energía y chispa!!!!
Aunque para encender hornallas sin fuego... esa es otra historia!...
Un beso grandote desde acá de la tierra colorada!
SUERTE!!!!
carmen