sábado, octubre 27, 2007

Usted cree que estoy exaltado. ¡No, hombre! Hay que haber estado allí para darse cuenta.Y en esas circunstancias uno concibe la necesidad, la imprescindible necesidad de una aristocracia natural. Desafiando la soledad, los peligros, la tristeza, el sol, lo infinito de la llanura, uno se siente otro hombre... distinto del rebaño de esclavos que agonizan en la ciudad. ¿Sabe usted lo que es el proletariado, anarquista, socialista, de nuestras ciudades? Un rebaño de cobardes. En vez de irse a romper el alma a la montaña y a los campos, prefieren las comodidades y los divertimientos a la heroica soledad del desierto. ¿Qué harían las fábricas, las casas de moda, los mil mecanismos parasitarios de la ciudad si los hombres se fueran al desierto... si cada uno de ellos levantara su tienda allá abajo?.



arlt.